Jatimá Tová

Hoy, al atardecer, comienza una vez más, un año más, Yom Kipur. Ha amanecido o está en ello. Me he vestido y me he puesto la Kipá. Me he echado a la calle en busca de una gallina, para así hacer el rito de kapará. No es fácil localizar en lo urbano una galliforme, no, no lo es. En mi barrio ya lo he dicho que viven familias de la raza calé a los que saludo cuando nos encontramos. He probado en una de ellas que me deben un favor en forma de minuta impagada. Han sacado una del maletero del coche y deuda resuelta. He bajado al muro de las lamentaciones que en toda ciudad hay, que coincide con los muros del crematorio y no tiene perdida. Me he atusado los tirabuzones. He levantado la gallina y la he volteado por encima de las cabezas de los llorosos deudos. Me han mirado mal y al instante me han comenzado a gritar ¡¡¡ Pero que hace este. Judiadas, Judiadas!!!  Cuando la iba a sacrificar para, metafóricamente, recordarles que era el día de la expiación y arrepentimiento y recordarles su futuro, mi futuro, ha llegado la Policía Canina. Desde hace tiempo se dedican a la protección de esos y todo tipo de animales. Me lo han impedido y además detenido, por perturbar el orden público, por mofa a los dolientes y maltrato animal. En el forcejeo he perdido la Kipá, pero me he encontrado media docena de hostias de los policías y presentes… Ya en casa, una vez puesto en libertad, pienso que se está perdiendo las tradiciones por culpa de los animalistas, es decir de Sánchez. Espero al anochecer, me quitaré las joyas, no me daré cremas, no vestiré cueros, ni comeré ni beberé en un día…Joder que día. Ah, lo olvidaba, tampoco me lavaré los dientes que, además de estar prohibido, total para qué, si no comeré. A lo dicho, joder que día. Lo que mal empieza, mal acaba. No obstante Buena Firma.

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Bojiganga

Pienso en el momento que me dicen que nací, hace ya demasiado. Pienso, también, si sería verdad que nací donde me dicen que nací o todo desde el principio comenzó como un farsa. Porque a lo largo de la vida me da la impresión que todo ha sido teatrillo y casi siempre actuando de guiñol, de títere….o mejor un, Pulcinella protagonista de mi propia vida, con una enorme capacidad de apalear y ser apelado, según venían las cosas. Desde el principio curiosidad, improvisación, aprendiendo a impulsos. Muchos errores y pocos aciertos. Construcciones mentales de ilusorias, proyectos, expectativas; muchas de ellas que se fueron difuminando hasta hacerse humo. Todo, amores, familia, amigos, trabajos, vida, todo incertidumbres. Pienso en esto porque como he dicho llegando a cierta edad las cosas se han tornado claras. Amores, para algunos, se perdieron por el camino, para otros que podrían haber sido no serán nunca, amigos poco a poco van desfilando, el trabajo obligado se acabó, y la vida se va acabando. Va cayendo el telón y oculta las últimas ilusorias y expectativas. Curiosidad ya ninguna. Improvisación mucha, la que da la jindama. Aprendizaje para qué, tendría que haber llegado a estas aprendido. Hace un rato que me quitó la máscara. Arrepentido y contrito vuelvo a casa. Ahora todo son certezas, las que no tuve nunca. A ver abogadillo… ¿de dónde vienes? De despedir a un amigo y me he dado cuenta que se quedó sin sentir los últimos besos cálidos. Ayer, hoy, hace un rato le han dado los últimos pero se ha quedado frío. Joder, abogadillo, amigo, que no es para ponerse así. ¿Te hace un trago? Sí, claro, encantado; eso sí, si nos damos un abrazo y nos besamos, De acuerdo. Yo invito, pero los besos en la mejilla, más que nada porque, aun siendo varones, tiempo tuvimos y todo se quedo en ilusoria. Le paso la mano por el hombro. Entramos en el primero de los garitos que vemos. En la calle creo oír unos tímidos aplausos. Ya está oscuro. El telón del que antes hablaba mi amigo ha caído.

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Bastas

Alguien le dijo un día que tenía fijación con sus manos. Para abrazar, para coger una carita tenue y rodearla, amenazando besarla, o pintar a Pablo de Valladolid, como si fuera o quisiera ser la mano de Dios.Pudiera ser. Hace tiempo, demasiado. No se acuerda. Manos de arrabales, pajilleras, atuneras, manos de basurillas, trileras, mucho canuto, poca guita, mucho lapicero, algún pincel, un par de saludos, trescientas copas y un culo, como que no, pero sí…( alguien sonríe). Otra vez madrugador, se mira los apéndices…¿Y? Las manos de su abuelo, de su padre, las mismas, iguales, como sus nombres. Federíco, siempre el grande, como el kaiser. ¿Arrugas? Un mapa indescifrable. Coge un lápiz, rosa, o así, e imposta que dibuja un recuerdo,un sueño… ¿Una rosa? La de los vientos. Miente como un bellaco. Que pena. Manos que ya no pintan,ni pegan, ni dan voces, ni dirigen una tropelía, ni cantan., pero todavía, alguna vez, transmiten en un vuelo, en un gesto dibujado, esta vez en lila, ternura. A veces incluso sueñan dibujar una rosa, la de sus vientos, en verde…otro día, otra noche, otra pluma, si puede ser azul. Le gustan los naranjas.

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Denso, como negro

Cada día los días se acortan más y antes de que llegue la noche ya están oscuros. Piensa que cuando era niño, adolescente, aún joven, iba al colegio , a iguales, entraba negro y salía negro. Luces de bohemia en las aulas, bombillas amarillentas, decaidas, tristes, y poco reconfortantes. A la izquierda las ventanas, negras. En aquel colegio las ventanas estaban a la izquierda según mirabas, quizá por eso no pocos, no pocos, por rebeldía salieron de derechas. Entre medias algunos, los menos, hostias recibidas y alguna ingle maltrecha. Se acuerda. Cosas suyas. ¿ Porque piensa eso? Porque ahora casi siempre se levanta a oscuras, incluso cuando esto piensa y lo escribe. Dice Carlos Boyero, lo ha leído hace nada, al tiempo del café mañanero, dice, digo, que los tiempos que más se ha gustado han sido cuando estuvo, esta, estaba enamorado, que es cuando se siente, sentía, se sabe, se sabía, encantador. El resto , que no, que no demasiado. Dice esto porque de nuevo llega el otoño estacional. El vital hace tiempo que llegó, que lo vive. Que a ver si llega a su invierno, y mucho me temo que ya no habrá primavera, menos verano , y ni soñar el veranillo de San Martín, ya sabes, de aquí a un año. Los días se acortan. Y si uno es sensato no es posible pensar otra cosa que el otoño, como decía ha llegado. ¿ Jodido? No, no, ni por asomo. Será necesario enamorarse una vez más, aunque sea de una sonrisa, de un zapato, un guiso, de un sueño, de un desconocido…

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Todos deseamos crecimiento y realización.

Vivo en el oeste de mi ciudad. En un barrio. Un buen barrio. Zonas peatonales, verdes, arboladas, donde crecen manzanos, ciruelos y flores en forma de blancas magnolias; todo a su tiempo y cuando toca. Hay oficinas bancarias, hipermercados, restaurantes y bares ( dos o tres regentados por orientales, chinos) pero poco comercio; uno de lencería fina, otro de un luthier, el conservatorio está próximo, dos estancos, tres templos religiosos, tres colegios, un casino, una herboristería y multitud de farmacias- la zona hospitalaria colinda-, por fin ,y por tener ya de todo, más al oeste del oeste, cerca ya del barranco que da al río y a la huerta de Lareki, el camposanto, dos bloques de viviendas donde habitan familias de …¿ raza, etnia? romaní. Las mitades de estos son locales , la otra mitad romanís- romanis, o sea rumanos, pero tanto unos como otros todos deben de ser patriarcas, pues independientemente de la edad todos ellos llevan bastoncillos adornados con flecos que es lo que distingue a los de su posición y alcurnia. También tienemos nuestross pobres, dos, mejor tres. Se los presento: Ayuba, un negrito de Ghana, que ejercía como titular de indigente a las puertas de un hipermercado, y que ahora, va por turnos y comparte con un nacional más fuerte que él , sobre todo más blanquito y que presumo le ha amedrentado; y el nuevo que sustituye al antiguo ” il povero” como nuevo inquilino en el cajero del banco de la esquina. Salgo a horas intempestivas a pasear, cosas de la edad y el desvelo, así que ayer, esta noche he conocido al nuevo. Le he tirado una foto. A la vuelta se estaba despedazando. Nos hemos presentado. Hemos hablado un poco. Hemos compartido los restos de un brik pestoso de vino. Que… ¿ eres nuevo? . Yo soy vecino. Ya veo que has dormido bien acompañado le digo mientras señalo el cartel. Me ha sonreído. ¿ Sabes vasco, o euskera, que es lo mismo pero en dos idiomas distintos? No, no sé. Mejor, mejor, le digo. ¿ Estás bien? Le pregunto. Si, si, tengo de todo, ya ves y a mano, dice señalando la maleta, lo único que me falta es una novia…Le invito a un café. Él no sabe que quizá a mi me falte lo mismo. Un barrio completo, ya digo.

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A la fuerza

Las adicciones no son buena recomendación, ninguna de ellas. Todas acaban de mala manera. Las sustancias, el perico, por poner un ejemplo, de normal te dejan el tabique nasal y la sesera horadados, como un quesico Gruyere; el sexo haciendo cosas, si es escaso o nulo el compartido, que creías olvidadas desde la adolescencia; el enamorado ciegamente sin ser correspondido que vive en un desvelo continuo; los espirituosos, perdiendo la vergüenza y echándose a la calle, sentarse con un cartel delante que dice, en letras mayúsculas pero destartaladas: ” UNA AYUDA-SOY DIPSOMANO-NECESITO PARA BEBER Y NO TENGO HIJOS”. Así podríamos llegar hasta la extenuación, pero antes apuntaré una más. Conozco a uno que se ha empeñado en mantener el tipo, cuidado, es setentón ya, el caso es que camina un día si y otro también hasta veinticinco kilómetros por día. Ha llegado el otoño así que las temperaturas han bajado. Un día coje una chaqueta ( americana) de solo una fila de botones, da igual que sean dos o tres, se la pone y se da cuenta que para ajustarla a su talle le queda como si fuera cruzada; le da una vuelta más y se la pone del revés, es decir, la espalda en el pecho. Se mira y le queda como faldona. Ya he dicho que le gusta llevarlas ajustadas, slim, creo se dice ahora, bien y entonces,en un más difícil todavía, se la pone de la misma manera, espalda en pecho, solo que ahora mete el brazo derecho en la manga izquierda y el izquierdo en la derecha. Se queda satisfecho, ahora sí, ahora le ajusta impecable. Sale a la calle, y presumido el, mirando por encima del hombro, en un aquí estoy yo. De pronto alguien por la espalda le ata los botones, y otro alguien con el primer alguien lo meten en una furgoneta blanca, en la trasera, cuyas paredes están forradas como con cojines, no se si me explico. El viaje es corto. Hasta el frenopático más cercano. Le bajan. Le introducen en una sala. ¿ Y a quién tiene por vecinos? Está claro: al de las narices blancas como un augusto, al pajillero, al enamorado que a todo el mundo, sea hombre o mujer, les dice cariño mío y al privoso que grita que ve bichos. Les ponen un inyección de aguarrás en los muslos y los dejan muy doloridos pero más suaves que un guante, hasta mañana que les pondrán otra. No, no creo que las adicciones sean buenas, y además se te quedan los muslos como si llevaras pistoleras del tamaño de unas pelotas de tenis a cada lado. Estos no saldrán de la loquería ni con forceps. Lo que yo te diga y mira que estaban avisados.

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Pajos pajas y pajes

Una bandera sin más ni menos

Llama el abocadillo y me sorprende. Nunca deja de hacerlo. Me dice que recuerda que cuando joven adolescente, incluso más tarde, solía salir nocturno, a por lana, y no pocas veces volvía a casa, con el rabo ( sic) entre las piernas y trasquilado. ¿ Me sigues? Pregunta. Si te digo. C ontinúa hablando y me sabe a nana,que he dormido inquieto y mal. Te decía que más tarde, bastante más, me di cuenta que las llaves las tenían ellas, las chicas, y que al fin, siendo nosotros erales entrábamos al trapo siempre, bien fueran las apetecibles, recomendables y/o a partir de los dos de la madrugada, cualquiera que estuviera a mano, pues como digo a esas horas todas princesas. Ellas son distintas, por muchas cuestiones, pero son distintas. Llegado el caso, y puestas en las mismas, no nos engañemos que tienen la coyunta segura. ¿ Me sigues? Me pregunta. A mi edad estoy en un sopor, pero le digo que sí, que sí, que adonde quiere ir a parar. Sigue. Ahora acabo, me dice el inacabado. El caso es que dándole vuelta, estaba pensando en nuestros políticos, que se ofrecen, ofrecen, y de algún modo no llegan nunca a nada. Hasta que tienen el poder y entonces algunos se forran. Hasta las botas, se ponen. Eso si, jodiendo siempre a los mismos. A los toricos bravos. Que se acuerda también, dice ,de María Isabel, que que la parece que tiene furor uterino, como los chicos, que le da igual sota, caballo, rey o un cinco de copas, que el caso es demostrar que está a deseo, para luego nada, algo así, me insiste, como una calienta pollas, desde el punto de vista político, o sea sin animus faltandi , sin acritud. Se queda ahito,sin palabras, sin aliento, y por fin acierta a decir ¿ Me sigues? ¿ Tu donde estás? ¿ Yo? Dormido, pero si lo quieres saber, hace muchos años que pardela, pajo, gay…No comentes pleeeeeasesee. Cuelgo. Sigo durmiendo, que estoy cansado pues hace años me caí de un guindo. Y en eso, que poca lana. Más bien ninguna.

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Abre la piernas y estáte quieta.

Nubló o despejado

Tengo una vecina de planta, pared con pared, de papel de fumar, que tiene noventa y dos años. Su asistente le cuelga la ropa en un patio común. Vestidos, ropa de cama y la interior. Hoy, muy de mañana, no he podido resistir. Con una escoba le he tomado prestados unos pantis. Imitación de lencería fina, de esos que en tiempos traficaban en el valle y les decían medias de cristal. He hecho un nudo con las perreras y la culebra me la he apostado a modo de verdugo. Me ha quedado mono el sombrero , así como con borlas, y sabes como digo. Debajo de casa se ubica una entidad bancaria, la mía y a su vez parece que ubicua. He entrada de esa guisa y con una mano en el bolsillo con el dedo el índice erecto he dicho” Quieto todo el mundo, tranquilos, esto es un atraco” Me he acercado al cajero, al físico, y le he hecho saber que siendo tan temprano sé que la caja de seguridad funciona con retardo. Que para las minucias y para empezar el día, dejan algunos billeticos en la papelera esa que tienen bajo el mostrador, a la derecha. Así que he sido sucinto y solo he pronunciado ” La papelera” El bancario solo ha podido decir, entre risas ” Joder Matías ¿que has tomado?. ¿ Drogiiiiiicas ? Entre un ponte bien y estate quieta, expresión preciosa, propia de Artajona, cuando el macho inquieto y presuroso requiere a su señora de mirar al techo, ha llegado la madera. Me dado preso. Me han llevado a comisaría. Eran las 9.13 a.m. Me he asistido a mi mismo como leguleyo. No he declarado. He dicho que solo la haría ante su señoría. Eran las 10.43. Me han trasladado a juzgado de guerdia. Estaba de guardia un juez al que tengo y me tiene aprecio, son ya muchos años. ¿ Que te pasa Matías, te das cuenta en que lo te has metido? Para mi que ha obviado el decir, sin comerlo ni beberlo, sobre todo lo último. ” Dime” Le digo señoría, del tirón y se lo he dicho. He leído la prensa esta mañana y he visto el lío que tiene el Consejo General del Poder Judicial, con cumplir la ley, la normal y la constitucional, porque dicen que aún siendo ley no les gusta, que la cambien. ¿ Me sigue? Ha asentído y he seguido. Así que, como digo, me he dicho el código penal no me gusta en su apartado de robos, atracos y afines, por lo que me voy a dar un palo. Dicho y hecho. Lo he intentado de modo que como tengo tela, manteca, guita, pasta y dineros, me acojo a todas las instancias superiores para posibles recursos, y así doy tiempo a que me modifiquen la ley a mi gusto. Me ha vuelto a mirar su señoría, se ha sonreído. Ha dictado Auto de libertad sin fianza, con cargos si, pero confusos. Son las 13.43 p.m. y me estoy soñando una caña, en el hotel pròximo con el bancario., en franca camaradería. Llega uno de los inspectores, muy amable, para de volverme el móvil que había olvidado. A triío cantamos una copla sobre los hijos de Artajona, pistolas, corazones y la fé, la fé, la fé. Estoy contento. Venga, otro trago.

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Despedidas

Cambió su rutina y en lugar de echarse a la calle de madrugada a por pan, lo hizo poco antes de medianoche, esta vez con la disculpa de comprar tabaco. Llevaba días en clausura y lo necesitaba. Entró en la cafetería del hotel que colinda con su casa. Se sentó en una esquina de la barra desnuda de parroquianos. Pidió a la camarera sorda un café y un paquete de cigarrillos. Esperó a que el café se templada mientras observaba las mesas, todas vacías menos una al fondo donde una decena de sacerdotes celebraban ¿ qué celebraban? no sé. Todos vestían clerygman, pero estaban en mangas de camisa y sin alzacuellos la mayoría, menos unos pocos que lo llevaban desabrochado y de lado con llevan las corbatas los invitados de una boda copiosa en copas. Se volvió sobre si mismo y le pareció tener cara de Hopper. Pagó. Salió a la calle y se sentó en un banco con el portero del hotel a sus espaldas, que impertérrito, como un guarda de la reina, bostezába al disimulo. La noche estaba cálida y silenciosa, los pájaros dormían. Encendió un pitillo, luego otro, otro y así hasta cuatro, mientras mandaba un mensaje de amor a una desconocida. Estaba absorto y cómodo como en el seno materno. Las ruedas de una maleta le volvieron. Miró y una huésped tardana arrastraba una valija casi de su tamaño. Dos curas en mangas de camisa y con el alzacuellos despendolado, fumaban a la puerta del hostal mientras sujetaban dos copas de balón. La hicieron sitio, y le dieron paso. El portero ayudó a la clienta y a ambos se los comió la puerta rotatoria. Los clérigos acabaron sus pitillos y fueron detrás. La calle se llenó de silencio y despedidas. Acabó el mensaje. Se levantó y despacio se encaminó a casa. Era lo mejor. Aquello había comenzado a parecerse a una estación provinciana de despedida, toda nostalgia y alguna lágrima. Acunarse era lo mejor sin duda, porque a veces las noches se tuercen. Dormir. Olvidar. Descansar

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Isosceles

A veces huelo los olores y estos tiene sonidos, otras, mis ideas, lo que estoy pensando, se me hacen imágenes y no pocas más, cada vez más, empiezo a no estar seguro de quién y cómo soy y de qué manera explicarlo. Es fácil, así pues, que lleve dos días en un mare magnum, tratando de explicar a una vieja y querida amiga, digo vieja por antigua, no porque tengamos casi noventa y cinco años en canal, la cuestión. De nuevo, en nada,  amanecerá que no es poco. Me coge otra vez con el sextante y el compás en las orejas. Pienso. Cogitu ergo sum. Pensaba y pienso que los años me van cundiendo, para lo bueno y para lo malo. Son cerca de las seis de la mañana, poco antes. Mala noche. Pienso en este año, en ayer, en mañana, en mi vida. Lo veo todo en un gráfico, una imagen, un triangulo extraño, arquitectura sin duda. Para mí los años, la vida, hace tiempo que los veo así. Voy a ver si me explico. Yo nací, me nacieron, me dijeron que nací en diciembre, bajo una arcada, arkupe. Literario y cierto. A mi hermano le cogieron de las hermanitas de no sé qué caridad, dice él. Envidioso y acomplejado. Decía que para mí el año empieza el uno de enero, como para todos, menos para los judíos que usamos otro calendario, o los vascos que usan el kalehendari; no obstante a usemos el común. Vuelvo a decir que en ese día, o mejor noche, pues nos coge de normal a  todos despiertos. Después de un invierno que no acabará hasta marzo, comienza a crecer el gusanillo en curva, poco a poco, marchando hacia la luz y las sombres. Sin luz no hay sombra,. En unos meses que todo en anda en revolución  desasosiego y “marcha”. Luego llega el verano consecuencia de lo anterior. No nos engañemos ya somos casi todos viejos y los juegos preparatorios son lo mejor de la coyunta. Lo importante es el acto imaginativo, para los artistas el creativo. La llegada es consustancial y consecuencia lógica. pas plus. Bien, llega el verano y si viene chungo como en este caso es, te caes en picado, hasta octubre y a partir de ahí, hasta otra vez el uno de enero, todo lineal, a ras de tierra, anodino, triste, lluvioso y oscuro. Empieza a clarear, poco a poco. Ya se ha hecho la luz. El teléfono me dice, manda huevos, que hará buen día, sin excesos. El chapero de guardia que duerme en al portal hace rato que me ha tocado el timbre, se ha tomado un café, una ensaimada, todo en mi casa y me ha preparado la ropa, el terno. Hoy voy de bleu. Un poco Rothko. A ver si de una vez a quien ayer explicaba me entiende y si es posible se enamora. O sea, la vida es un triangulo equilátero, mirando hacia la izquierda y cuya hipotenusa fluctúa. A ver cono se explica esto, Me temo que seguiré solo. Fluctuando. En un sí es no es. En un quiero  y no puedo. Raro, por no decir, que no se debe, loco

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